Gema de la Cruz- Coach

viernes, 4 de marzo de 2016

"Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento"
Eleanor Roosevelt



Hoy me apetece escribir sobre algo que en diferentes momentos de mi vida ha ido cambiando, y es cómo influye en nuestras vidas lo que hacen los demás. Así en general, las personas que nos rodean. 

Cómo detectar lo que sentimos a este respecto, como casi siempre nuestro lenguaje dice mucho más de lo que probablemente queremos decir y así decimos o escuchamos frases como estás: 

Si yo hubiera tenido otra familia pero la familia te toca y es lo que hay
Si no me hubiera casado con este hombre, quién sería yo ahora
Si no fuera por mis hijos aquí iba a estar yo
Si hubiera estudiado cuando tenía que hacerlo otro gallo me cantara...

¿Os suenan?  Porque así podría estar yo escribiendo frasecitas de estás con su contenido en pequeñas dosis de veneno hasta llenar el post. Y ¿quién no ha caído en esa trampa? La de echar balones fuera, la de protagonizar el papel de víctima en esta película de tu vida y encontrar circunstancias y personas  a las que culpar de que tu vida no lleva el rumbo que realmente te gustaría que llevase. 

Y como la cara y la cruz de una misma moneda, en ocasiones, lo que nos encanta es soltar lastre, y ponernos en manos de "expertos" que nos digan cómo se hacen las cosas, así como si sólo hubiera una manera correcta, un camino exacto, doctores/as, o mejor aún health coach, personal trainers, personal shoppers, y todo un elenco de secundarios en nuestra vida que van a empezar con esa frase que en muchas ocasiones se convierte en música para nuestros oídos que es "a tí lo que te hace falta es..." o "tú lo que tienes que hacer es ...". Y qué satisfechas nos quedamos cuando escuchamos la receta!! lo que tenemos que hacer o comprar para que nuestra vida se vuelva más fácil, y en una palabra, mejor. Después lo que solemos hacer es defender  cómo si nos fuera la vida en ello, la palabra del o la respetada profesional que nos asesoró, o del libro que leímos y convertirnos en absolutas radicales de esa idea, no sea que ahora me de cuenta de que he pagado un pasta por algo que no me sirve para nada, no, no, yo de este tren no me bajo tan fácilmente y seguir defendiéndolo hasta que ya ni siquiera nos sirva ese criterio adquirido en segunda mano.

Y es que dejar que cualquiera nos haga el equipaje para un destino que ni siquiera conoce, pero confiamos en que lo que nos pongan en la maleta estará bien porque cualquiera sabe más de nosotras que nosotras mismas y si no, es fácil sólo debemos culpar a alguien más, y que se sume al grupo de hijos, marido, compañeros de trabajo...los y las culpables de lo nuestras pequeñas desgracias.

Y así seguimos cultivando nuestro diálogo interior reactivo "eso me lo ha dicho con segundas..." "se cree que no me he dado yo cuenta..." y alimentando nuestros miedos e inseguridades respecto a la maternidad, al trabajo, a nuestras capacidades. Vemos en las actitudes o comentarios de otros/as el espejo, lo que nos falta por construir, lo que nos pica. Y cómo en ocasiones hacemos a otros/as responsables de nuestras emociones también nos funciona a la inversa y si tu pareja un día habla menos o le notas enfadado, comienzas a revisar tu catálogo de posibles culpas . Y es que esta forma de vivir te llena de juicios hacia los y las demás y hacia una misma es como tomarse  el veneno y esperar que se mueran otros.

Qué  fácil es caer en esta trampa si no te trabajas el rumbo de tu vida, tus objetivos, quién eres y qué quieres. Y desde ahí es mucho más eficaz contactar con profesionales que te ayuden a conseguir tus metas en cualquiera de los ámbitos, y  delegar muchas tareas pero no abdicar. Y escuchar comentarios y no personalizarlos y pensar que son dardos envenenados dirigidos a mí. Porque sólo podremos encontrar fuera una vez que hayamos hecho nuestro trabajo dentro. Conquistar nuestra autonomía emocional, que esta no se tiene que someter a referéndum, y el estatuto de esta autonomía se apoya en los pilares del autoconcepto, la responsabilidad y la automotivación. Pero de estos ya hablaremos otro día...


lunes, 15 de febrero de 2016

" No es lo que tenemos sino lo que disfrutamos lo que constituye nuestra abundancia"
Epicuro

Cada vez que me escucho a mí misma desmerecerme por alguna de las cosas que hago bien, me pregunto para qué lo hago? Es decir si alguien se acerca y me dice me encanta tu blog, que bien escribes. Yo una de las primeras cosas que hago es sonrojarme, si esta reacción fisiológica fuese operable os garantizo que yo ya habría pasado por quirófano, lo siguiente es agradecerlo por supuesto y lo tercero suele ser, bah! no, tampoco escribo bien, hago lo que puedo. ¿Para qué hago esto?

Para desmerecer algo que hago bien, no sea que si yo escribo bien tú no puedas hacerlo. Esto es un pensamiento de escasez muy potente, pensar que las cualidades son limitadas, ¿acaso si eres guapa estás restándome a mí belleza? Son las cualidades, los talentos limitados o  por el contrario ilimitados. Porque si son limitados nos estamos engañando y estamos engañando a nuestros hijos, yo le diría a mi hijo, no voy a llevarte más a entrenar, es una pérdida de tiempo dos tardes a la semana, esto no es lo tuyo, no importa que te guste y disfrutes con ello no vas a superarlo, has nacido con 560 gramos de talento para el fútbol.Pues parece que no verdad. Y sin embargo actuamos muchas veces como si así fuera, si alguien es demasiado simpática o guapa o inteligente, y es consciente de sus fortalezas solemos decir, es muy lista pero sabe que lo es o se lo tiene muy creído. Entonces como va la cosa, hay que serlo pero no parecerlo. Y es por eso que impostamos una modestia que tiene que apostillar nuestras frases cuando recibimos un cumplido, no basta con que nos lo quedemos.
Acaso el rebajar con mi "modestia" tu cumplido no estoy en parte desmereciendo tu criterio, si opinas que escribo bien, y yo digo que no, no estoy tomando tu opinión al mismo nivel que la mía. Es como si haces un regalo a alguien y te dice qué bonito, lo voy a devolver pero que sepas que me encanta. Raro, raro, raro, no?

Qué curioso, lo complicado que me resulta recibir y lo poco que me cuesta admirar los talentos del resto. Cuando más perdida estaba, y ya lo he contado en alguna ocasión, sobre todo en el ámbito profesional, todo el mundo me parecía maravilloso en su oficio y sentía que deseaba la vida de cualquier otra persona que no fuera yo. Como emociones, mente y cuerpo van unidos, y mi cuerpo estaba en aquellos momentos descuidado y maltratado, también anhelaba cualquiera de los cuerpos de las revistas que no eran el mío. Imaginaba en los demás vidas perfectas que me resultaban inalcanzables. Vuelta a la escasez, a pensar que no estaba en mi todo lo que necesitaba para ser feliz, y que mi cuerpo, que me sostenía estoicamente es perfecto para mí y en cuanto lo escuchase un poquito actuaría en consecuencia.

Pero que a gustito se está a veces en el personaje víctima, tan socialmente aceptado y reconocido y dejando aflorar emociones de envidia porque el resto tiene todo lo que deseas y tú sólo las cartas que te han repartido y no sabes a quién decirle que vuelva a barajar que con esa mano tienes poco que hacer. Y el sumirte en estos pensamientos tiene también consecuencias, una de ellas la necesidad perentoria de cubrir las carencias del ser con el tener, y el consumismo que es la forma más rápida e infantil de acercarme a quien quiero ser. Modelo a quién quiero parecerme teniendo lo mismo que ella o él, veo su blog , una revista y de pronto ansío un bolso, unos zapatos o un teléfono. Y entras de cabeza en el círculo de escasez. Te frustra no poder tener todo lo que tienen y es que hay una parte de ti que no ansía esas cosas, ansía parecerse a ciertas personas, por motivos diferentes. Pero como no puedo tener lo que "deseo" me siento más escasa, más vacía, más pobre.

Y si en vez de fijarte tanto en las cartas que no te gustan buscas las que tienes y te pueden dar juego. Ya sé que no estamos acostumbradas a ello, que al contrario tratamos de ponerlas detrás de otras, que te digan eres muy simpática y tú estés pensando "piensa que soy fea". Parece que de forma automática vamos a la carencia, a lo que crees no tener y no pones peso ni valor en lo que eres así sin hacer mucho esfuerzo, y que además te gusta serlo, no has de esforzarte para ello. 

Te propongo que  pongas en marcha alguno de los mecanismos de los que hablaba en el post anterior del diálogo interno y te digas hoy al menos tres cosas que te gustan de ti. Y yo por mi parte comenzaré a recibir con mucho amor los comentarios positivos que me llegan sobre el blog y como escribo. Y me los quedaré sin rechistar.


jueves, 4 de febrero de 2016

"Si tuvieras un amigo/a que te hable de la misma forma en que a veces te hablas a ti mismo/a,
 ¿ cuánto tiempo permitirías a esa persona ser tu amiga?"


Desconozco a quién he de adjudicarle esta cita, lo que se con certeza es el impacto que me ocasionó cuando la escuché por primera vez y fui consciente del diálogo interior tan destructivo que había mantenido conmigo misma en las etapas más difíciles de mi vida.

Alguna se ha mirado en el espejo y se ha dicho mentalmente frases que de venir de otra persona jamás tolerarías o incluso llegarías a plantearte si serían denunciables. O cuando has depositado una expectativa en un objetivo y éste por cualquier circunstancia no llega de la manera que has planeado. O sencillamente, por equivocarte en un desvío en la M-45, yo aquí en ocasiones, conseguía hacerme llorar, lo que jamás habría hecho con ninguna persona en el planeta y menos por semejante motivo.

Con el tiempo, he descubierto que detrás de tanta agresividad en el diálogo conmigo misma había miedo, miedito en dosis altas. Y que desde esa emoción producía mis pensamientos y desde esos pensamientos conducía mis acciones. Y también comprobé que los resultados de tales acciones difícilmente me conducían donde yo quisiera estar ni me acercaban a quien yo quería ser.

Ahora también sé que nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia y no para la felicidad y que afortunadamente nos alerta de manera continua de los constantes riesgos con los que nos podemos encontrar . De los 60.000 locos pensamientos que nos fluyen cada día en la "trastienda" del cerebro, esas canciones raras, esa imágenes siniestras que se nos vienen a la cabeza, la gran mayoría son negativas.¿ Qué piensas cuando alguien se retrasa?, inexorablemente "le habrá pasado algo" (lo mismo que pensaba tu madre cuando quien se retrasaba eras tú, eh?), es la emoción del miedo al volante generando pensamientos. Tu automático no está diseñado para que pienses que a esa persona le ha ocurrido algo maravilloso que ha cambiado el rumbo de su existencia, ese pensamiento no está en tu programa de serie.

Tu diálogo interior genera acción tanto hacia ti misma como en tus relaciones con los demás. En cierta medida esa forma de hablarte tiene que ver con los juicios que realizas hacia ti misma y ese nivel de exigencia, eso sí un poco rebajado, también lo aplicas al resto.

Así que te invito a  tomar consciencia de tu diálogo interior, de qué te cuentas  y cómo te lo cuentas porque tanto si crees que puedes como si crees que no estarás en lo cierto.

jueves, 7 de enero de 2016





Sé tú mismo, el resto de papeles ya están cogidos.
Oscar Wilde

Feliz 2016. Os deseo que tengáis el suficiente compromiso para conseguir las metas que os hayáis propuesto este año.

Las Navidades me han traído un montón de aprendizajes. Parece que estas fechas son las más indicadas para tendernos trampas y caer de lleno en sus redes y si observas con atención te harás consciente de ello.

Comenzaré con el verbo ser, o mejor en inglés (uno de los grandes propósitos de año nuevo) to be. Y es que, siempre me ha llamado la atención que los ingleses utilicen el mismo verbo para tres acepciones diferentes ser, estar y parecer . Y ahora os preguntaréis, ¿ qué tiene esto que ver con las Navidades? , pues para mí mucho, muchísimo.

Un claro ejemplo de ello es el "saber estar". Desde niña me han enseñado a "saber estar", en el colegio, en mi familia, de visita, en la mesa y hasta debajo de la mesa dándome patadas para que me callase cuando no se consideraba oportuno lo que estaba diciendo. Y ahora, en perspectiva, me doy cuenta de que ese saber estar no me permitía ser yo misma y acepté como correcto lo que los que me rodeaban habían aceptado como correcto antes que yo. Y así el saber estar me enseñó a usar los cubiertos correctamente, a no poner los codos ni mis emociones sinceras sobre la mesa. Y en ese saco comencé a dejar entrar otros condicionamientos como permanecer calladita aunque considerase una barbaridad lo que estaba escuchando, a estar al quite si alguien necesitaba que le pasase la sal y a ser la primera en ponerse de pie para recoger la mesa . Estas y otras más eran las normas de saber estar de mi casa y como las aprendí de los que más quiero y me gustaba ser aceptada y querida por ese grupo no se me ocurría saltármelas aunque en ocasiones me "hicieran bola" y después de algunas comidas familiares lejos de sentirme feliz y reconfortada me sentía triste y dolida, pero permanecía callada.

Pero como hemos dicho el verbo to be tiene otra acepción grandiosa "parecer". Y que levante la mano quién al menos una Nochevieja no haya intentado parecerse a otra persona, vistiendo como lo hacen los referentes femeninos de belleza que compramos en revistas, pelis y anuncios. Vestidos, tacones, peinados y el resultado un auténtico disfraz. Pero ¿dónde estoy yo? pensaba mirándome al espejo, aunque el resultado era tan aplaudido por el resto con dudosos cumplidos como "pero que guapa estás si no pareces ni tú". Mensaje recibido, seguir negando la autenticidad de tu cuerpo y tu personalidad en favor del reconocimiento de los demás y fijarse en modelos públicamente reconocidos en tu entorno. Y eso me ha llevado a lucir cortes de pelo y vestir acorde a modas que cuando miro algunas fotos me pregunto cómo era capaz de salir así a la calle!!!!!



De manera que ya entramos en el año nuevo y te sientes conminada a hacer una lista de propósitos. Y la mayoría de ellos los marcas en comparación con los demás, "si esa ha podido adelgazar yo también lo haré", "qué está trabajando ahí, qué fuerte", etc...Finalmente no moveré un dedo por poner esos propósitos en marcha, esperaré que una magia actúe como en las películas que pasan cuatro escenas y de pronto apareces convertida en tu mejor versión. Y la explicación es porque aquéllos propósitos no eran míos, no eran auténticos y sobre todo porque su sustento no es la competición con los demás sino con la más dura competidora, conmigo misma y eso se llama compromiso. Y el verdadero compromiso se adquiere cuando el plan está diseñado por ti, no por otros para ti y te acercan a convertirte en la persona que realmente eres no en quién crees que los demás esperan que seas.

Y es que como os digo nuestra intención de querer y ser queridas en estas fechas nos hace caer en muchas de nuestras propias trampas, y estar más atentas al estar y al parecer que al ser. Cuando el verdadero acto de amor hacia nosotras mismas es conocernos y querernos tal como somos, en nuestra esencia. Y eso nos permite regalar a los demás amor sincero desde nuestro yo y no desde el personaje, el disfraz que hemos diseñado para la supervivencia social, el ego al que llegamos a fundir con nuestra personalidad y tanto nos cuesta luego desenmascarar.

Así que felices compromisos nuevos, tenemos más de 300 días por delante para disfrutar por el camino de acercarnos a nosotras mismas y poder decirnos cada día feliz autenticidad!!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

" Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina sea tu alimento"
Hipócrates


¿Has escuchado alguna vez aquéllo de "las penas con pan son menos"? ¡Qué gran mentira! Con pan las penas son las mismas, e incluso mayores, porque atacando a la comida para camuflar una emoción de tristeza, angustia o ansiedad, lo único que se consigue es reducir la autoestima y aumentar la talla de manera directamente proporcional.

Sé muy bien de lo que hablo, yo engordé 20 kilos durante una de las etapas más complicadas de mi vida y desde luego conseguí adelgazarlos, aunque de una manera poco saludable física y mentalmente. Los adelgacé porque me preocupaba la imagen que los demás tenían de mí, no por mi salud y no elegí el método más saludable, sólo me importaba que fuese efectivo. Me sirvió para desprenderme de los kilos y sentirme comprometida conmigo misma pero no aprendí a cuidarme ni a respetar y escuchar a mi cuerpo. A veces, tenemos que pasar por estaciones en las que no nos gusta estar para poder llegar a nuestro destino actual. Así que me quedo con las cosas que de esa experiencia aprendí y el interés que despertó en mí para seguir aprendiendo de nutrición.


Alimentos y emociones van muy unidos, en ocasiones un sabor o un olor nos evocan de manera mágica una sensación, un recuerdo nítido, no sé, los churros, el roscón, las rosquillas de mi madre...Y a la emocionalidad de los alimentos hay que sumarle que los aprendizajes que hemos hecho respecto a nuestra nutrición van ligados a vínculos emocionales, manejamos ingredientes, recetas e incluso sabores ( para croquetas las de mi abuela...) que van ligados a los hábitos de nuestra familia, del lugar donde habitas, te identifican con el grupo al que perteneces. Y replicamos cantinelas que hemos escuchado desde pequeñas sin cuestionarlas jamás como que hay que comer de todo, la leche es muy importante...la tele, el colegio, todo el mundo lo dice. Y así las cosas, llegas a la maternidad y te escuchas repetir "el pescado te pone fuerte", "como no lo termines no hay yogur"...¡la que esté libre de pecado que tire la primera salchicha! .

Y para colmo somos herederos de generaciones de postguerra, donde la escasez es la sensación imperante o en vuestra casa no se ha escuchado "esta no sabe lo que es pasar hambre". Así que comida en cantidad desmedida como algo positivo y por supuesto una de las mejores la "comida recompensa" esta es una verdadera trampa de falopio premiarte con algo generalmente nocivo para tu organismo pero de efecto placentero inmediato y sentimiento de culpa posterior. Premios y chantajes que nos hacemos a nosotras y que nos sorprendemos en ocasiones haciendo a nuestros hij@s, "si te terminas eso, te puedes comer las chuches", "si te portas bien vamos al burger"...grasas y glucosa como modeladores de comportamientos, ¡NO! entremos en consciencia de esto.

Yo hace casi un año dejé de comer carne y pescado, no fue una decisión buscada y todavía cuando la gente me pregunta si soy vegetariana la etiqueta me viene como grande, y al principio contestaba, no os lo perdaís, "no, yo soy normal". Imagino que las que contestaban por mí eran mis creencias, tan arraigadas, tan aprendidas y en eventos familiares o con amigos me sentía diferente, como excluida. Pero como me encontraba cada vez mejor y llena de energía y seguía sintiendo el rechazo hacia ciertos alimentos, pues decidí aprender y crecer. Y afortunadamente, me crucé en el camino con personas generosas y maravillosas como Lucía de Cocinando el cambio, y aquí comenzó la diversión, la dieta alcalina, los jugos verdes, comer sin azúcar, ni gluten, ni lácteos, conocer otros puntos de vista, muchos ingredientes nuevos y disfrutar de la nueva aventura de reaprender a comprar a cocinar y a disfrutar. Y después de pasarme media vida a dieta ahora no me peso, no me importan las calorías sino los nutrientes, como y compro más consciente.

Y veo espantada con otras gafas los anuncios de "alimentos" en canales infantiles y leo mucho, sobre todo etiquetados y siento mucha empatía con las personas intolerantes y alérgicas. Y me pregunto      ¿ por qué estamos tan aferradas a ciertos hábitos en torno a la comida? Solo con pensar en un cumpleaños infantil o en las navidades tenemos claros ejemplos de esto. Y ¿ por qué solo nos bajamos del tren de la "normalidad" cuando aparece alguna enfermedad, intolerancia o alergia?. Quizás desoímos tanto los mensajes de nuestro cuerpo que ya se ha cansado de emitirlos y sólo escuchamos el diagnóstico clínico y nos compadecemos por los pobres que están condenados a comer de manera más consciente y saludable. 

Yo elijo libre y voluntariamente ese camino porque me siento bien, porque no tengo sensación de sacrificar nada y porque hay muchas cosas consideradas alimentos que no se me ocurriría jamás llevarme a la boca. Y disiparé mis miedos a sentirme diferente o alejada de mi familia cuando me siente a la mesa estas navidades porque lo que el amor ha unido no lo puede separar un langostino por muy caro que sea.


Dedico este post a todas las madres que aprenden cada día gracias a las circunstancias de sus  hijos e hijas que otra forma de comer es posible. Para vosotras, para ti.


lunes, 23 de noviembre de 2015


"Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto"
Henry Ford



Pertenezco a un grupo de mujeres emprendedoras en el que aprendemos mucho de nuestra mentora,  unas de otras   y también cada una descubre cosas de sí misma que hasta el momento no se había parado a observar. La semana pasada aprendíamos una herramienta que quizás os suene el
 " escandallo". Yo por supuesto lo primero que pensé fue en Raphael ¡ escándalo, es un escándalo!. Para luego descubrir que no, que se trata de una herramienta de determinación del coste o precio de una mercancía con  relación a los factores que lo integran. O lo que es lo mismo, que si tú quieres vender una barra de pan, a la hora de poner un precio de venta al público tendrás que calcular la proporción de los ingredientes que lleva, el precio de los mismos, el coste de la luz, el local, los impuestos, vaya, el análisis real del coste de todos los factores que hacen que tú estés haciendo pan y realmente ganes dinero con ello.

La profe, que es una gran economista  nos citaba un ejemplo que a ella le ponía un profesor de la facultad,  le decían a un señor que vendía escobas: - te das cuenta de que pierdes una peseta en cada escoba que vendes, y el señor contestaba - me da igual, vendo muchas.

Y ahí me descubrí en otra trampa de falopio. Que es lo primero en lo que recortamos gastos cuando una mujer está en desempleo, está clarísimo, en la persona que viene a casa a ayudar en las tareas de limpieza. Y al hacerlo, parece que dieras por hecho que esas tareas te corresponden porque al estar en casa ya las asumes tú. ¡Trampa de falopio y error de escandallo y de escándalo! Si tienes pareja las tareas imagino que os corresponden a partes iguales, pero las mujeres nos solemos hacer una trampa en general y es que siempre descontamos exclusivamente de nuestro salario la parte que se destina en el hogar al cuidado de los niños/as y a las tareas del hogar, ese es nuestro escandallo, decimos si quito el horario ampliado, o la persona que les lleva al cole, o el comedor, o la persona que limpia, pero qué locura de cálculo es esa, es que los hijos/as ¿ no son de los dos?. Al hacer así los cálculos estamos haciéndonos trampa y a la vez aceptando que esas tareas nos pertenecen en exclusiva y no dándoles el coste económico que tienen porque lo tienen, más allá de la emoción que vaya ligada al placer de poder llevar tú misma a tus hijos/as al colegio si así lo has elegido.

Y si como yo estás trabajando en tu propio proyecto, en tu negocio, dedicas horas a tu trabajo pero no puedes/debes contratar a alguien para realizar las tareas del hogar, algo que no dudarías si tuvieses un trabajo asalariado. Pues eso revierte en tu escandallo en tu contra, desde luego,  puesto que el tiempo que dedicas a esas tareas no lo estás invirtiendo en el desarrollo de tu proyecto, ni a mostrar tu talento a través de tu marca personal. Es un coste de oportunidad muy alto.

Yo me comprometo a desligar emociones a la hora de hacer un escandallo real de los costes de mi producción y a no hacerme más trampas en la necesidad de pasarme el día muy ocupada en las que no son "mis labores" para no comprometerme con mi proyecto profesional auténtico y real, en definitiva que yo dejo de vender escobas, y ¡ya tenía yo ganas de soltar la escoba!.

lunes, 9 de noviembre de 2015



El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero te saca de dónde estás

Una amiga me contó hace tiempo una divertida anécdota de su abuela sevillana, que hacía las mejores rosquillas del mundo. Su familia no quería perder esa receta tan especial así que se la preguntaron a la abuela para transcribirla y al hacerlo copiaron que ella ponía en la receta harina "La Carmita". Toda la familia buscó esa marca de harinas y no había forma de encontrarla y cuando preguntaron a la abuela dónde la compraba, por si era una marca local, descubrieron que lo que la buena señora quería decir era que hay que añadir harina la que admita, tanta como la mezcla pueda admitir.

Y cuento esto porque hoy quiero compartir mi descubrimiento de hacer cambios o incluir hábitos en nuestra vida " los que admita".

Siguiendo con las anécdotas culinarias, mi madre desde pequeña siempre me ha dicho que yo no tenía "asiento" para la cocina. Me precipitaba, echaba las cosas en la sartén antes de que estuviese caliente el aceite o abría el horno antes de tiempo. Y eso tenía consecuencias en el resultado final.

Cuántas veces por precipitarme, la impaciencia, ha hecho que no tuviera éxito en los cambios que quería hacer o los hábitos que quería implementar en mi vida. Todo requiere de un tiempo de cocción, y además, ser pacientes y saber escucharnos son los dos ingredientes fundamentales para que la receta sea un éxito.

Hace casi un año que comencé a correr, ¡yo! si, ¡yo!, y no por perder peso, y no porque vinieran toros detrás de mí. No, fue más sencillo. Un día al dejar a los peques en el cole sentí muchísima energía y la necesidad de correr, así que me bajé del coche y me lié a dar vueltas alrededor de mi bloque, así con botas y todo. Y ocurrió algo increíble para mí, que disfruté, no sufría pensando cuanto faltaba, cuando parar, cuando llegar, me lo pasaba bien corriendo, lo disfrutaba!!! A día de hoy no soy una plusmarquista, ni lo pretendo, llego roja fluorescente de mi carrera una vez por semana o dos y lo sigo disfrutando incluso más cada día.

Puedo poner otro ejemplo que quizás a alguien le suene ¿cuándo dejas de fumar? pues cuando quieres, el día que sientes que es el momento. Y por mucho que te hayan dicho ( eso no hace más que reforzar tu resistencia) o por mucho que sepas que no te hace bien, un día decides dejarlo y se acabó.

Cuántas veces nos hacemos trampas, y perseguimos cada lunes sin éxito diferentes retos, hoy empiezo la dieta, de hoy no pasa sin ir al gimnasio y una larga lista de deberías que ya sabemos de antemano que no vamos a cumplir. A mediodía ya hemos encontrado las excusas perfectas para incumplir y entre tanto vamos perdiendo energía, nuestro diálogo interior se desgasta con la cabeza llena de justificaciones y triquiñuelas, y que no decir de cuando irrumpe después nuestra "amiga" la culpa. Acabas el día frustrada porque no te sientes capaz de comprometerte contigo misma y eso te va quitando autoestima.

Así que si decides que todavía no es el momento o si te das permiso, concédetelo de verdad. Pero si quieres introducir cambios primero escúchate, presta mucha atención para comprobar que ese cambio lo quieres realmente tú, te acerca a quién tú quieres ser no a quien "tienes que ser" para gustar a otros/as. Y la segunda escucha importante es pregúntate si es el momento, qué sientes, qué sentirás si hicieras eso. La prueba definitiva para saberlo es probar y comprobar si disfrutas y no si encuentras resultados inmediatos. Si lo haces de forma natural, sin esfuerzo (entiéndeme, un poco hay que esforzarse pero la satisfacción es mayor) y disfrutando de los nuevos aprendizajes sin agobios, lo tienes!

Así que si decides seguir haciéndote trampas, diciéndote mañana, el lunes o en enero, sigue haciéndolo pero toma consciencia de que poco a poco eso trae consigo un desgaste y un peaje emocional que pagarás con tu autoestima. Sino ya sabes introduce los cambios "La Carmita" y siempre con cariño, el ingrediente principal de cualquier receta.